El Coloso de Rodas, fundido para obtener el preciado bronce.


En la isla griega de Rodas, el escultor Cares de Lindo, discípulo del famoso escultor clásico griego Lisipo, realizó El Coloso de Rodas, terminado en el año 292 a.C.

Una monumental estatua de bronce representando al dios griego Helios, protector de la ciudad, de 32 metros de altura sobre unos pilares de mármol de 15 metros.


La estatua fue encargada por Ptolomeo I como conmemoración por su victoria en Rodas frente al asedio de Demetrio Poliorcetes en el año 304 a.C., quien huyó ante su gran flota.

Debía ser impresionante como se llegaba a la ciudad en barco pasando bajo las piernas del coloso, una de las primeras puertas a la ciudad, tanto, que es considerado una de las 7 maravillas del mundo antiguo. La tercera imagen, más realista e impresionante, no es el dios Helios, se corresponde con el Titan de Braavos, de Juego de Tronos, en alusión al histórico griego.




Sin embargo, no se mantuvo en pie por muchos años, en el año 226 a.C. un terremoto derribó la colosal obra, dejando el cuerpo del dios Helios repartido en ruinas a los pies de la ciudad, solo quedo intacta una de las piernas hasta la altura de las rodillas.

Más tarde, Ptolomeo III propuso su reconstrucción, pero el pueblo de Rodas se negó ante la noticia del Oráculo de Delfos (del que ya hablamos en este otro post) de que el terremoto había sido ocasionado por los dioses ante la ofensa del hombre por levantar la estatua del dios Helios.

De este modo, la obra de Cares de Lindo quedo destruida y esparcida en ruinas a los pies de la ciudad durante 900 años más.

Hasta el año 654, cuando la invasión árabe en la ciudad de Rodas, hizo que definitivamente desapareciera el coloso al ser vendido a un comerciante judío, quien se dice, se lo llevó a Edesa, en la actual Turquía, con la ayuda de 900 camellos para fundir todo el metal y, luego, venderlo.


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